El restaurante, un espacio de diseño

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Por: Eduardo del Toro
Arquitecto – Gran Canaria

Cuando vamos a comer a un restaurante, reparamos principalmente en la comida que nos sirven: su pinta y -sobre todo- su sabor. Si somos algo curiosos, atenderemos también al aspecto del restaurante -su decoración- fijándonos en el mobiliario, las lámparas o los acabados en suelos, paredes y techos; pero poco más. Sin embargo, el restaurante es un espacio donde el diseño está presente en todas las cosas, desde la ropa del personal que nos atiende, a cada uno de los elementos que se emplean. Veámoslo a continuación.

Los primeros en darse cuenta de la importancia que tiene el diseño en la restauración han sido los productores de vino, poniendo gran énfasis, tanto en la forma de las botellas como en el diseño de las etiquetas. Han pasando del esquema clásico de las botellas bordelesa o borgoña, a verdaderas obras escultóricas con modelos troncocónicos, flautas, de hombros rectos, etc. Las etiquetas -por su parte- pasan de las tradicionales, con simplemente el nombre del vino o -todo lo más- una imagen de la bodega, a convertirse en verdaderas obras de arte en miniatura.
Por su parte, uno de los aspectos en que ponen gran énfasis los cocineros más reconocidos, es la vajilla sobre la cual se van a servir sus creaciones. Un gran ágape debe servirse en un plato a su altura. Los diseños de las vajillas son variados en formas, tamaños, colores y materiales. Desde las clásicas vajillas de porcelana pintada a mano hasta las realizadas con las formas y materiales más originales, siendo tan importante este aspecto, que se ha llegado a trascender del propio mundo del menaje, incorporándose otros elementos -a priori ajenos- como piedras o materiales de construcción.

Evidentemente, esta vajilla ha de estar acompañada de complementos a su nivel: una cristalería y una cubertería que cumpla las expectativas. Las cristalerías, tal vez las más condicionadas en su forma y color -casi siempre transparentes e incoloras- para poder apreciar los matices de su contenido, poniéndose el énfasis de originalidad principalmente en el diseño de los soportes de las copas, encontrándose en algunos casos elementos tan insólitos como copas sin pie, que precisan de un sistema de apoyo adicional. En cuanto a la cubertería, pasa prácticamente lo opuesto. La variedad de modelos y diseños es tan grande, que en ocasiones nos encontramos ante nosotros artilugios que nos cuesta reconocer: ¿será un tenedor o una cuchara? Por tanto, podemos encontrar en el mercado diseños de vajillas, cristalerías o cuberterías realizados por los más afamados diseñadores.

Las mantelerías -los lienzos sobre los que se dibujan las mesas- suelen ser blancas para no distraernos de los elementos del plato, aunque otros formatos pueden evocar determinadas gastronomías, como el caso del mantel a cuadros blancos y rojos asociado claramente a la cocina clásica italiana.

Los centros de mesa son los detalles que terminan de componer las mesas. Decorados frecuentemente con flores o velas -aunque podemos encontrar aquí una extensa gama de variaciones- pueden pasar de ser el toque perfecto para rematar la mesa más hermosa, a convertirse en una molestia, en caso de por ejemplo ser demasiado alto -impidiendo la adecuada relación visual entre comensales- o contener elementos que desvirtúen la percepción de los platos, como flores o velas con aromas.

En las cartas -donde se exponen las opciones que nos ofrece la cocina- también se cuida mucho el diseño, yendo desde aquellas que muestran las fotos de los platos -propias de los establecimientos de comida rápida o “platos combinados”- a las sobrias y elegantes cartas de los locales más exclusivos.

Otro punto que se cuida con mimo es el uniforme del personal del local. Desde las famosas chaquetillas de una diseñadora de alta costura, hasta uniformes creados a medida para un restaurante específico, son fundamentales en la imagen que se pretende dar del negocio.

Como vemos, cualquier elemento que nos encontramos o manipulemos en un restaurante, tiene un cuidado diseño que pretende aumentar el placer sensorial que estamos disfrutando, al tiempo que refuerza el ambiente del local, pero -como si de una exquisita especia se tratase- con cuidado de no pasarnos, puesto que se ha dado el caso de llegar a diseños tan rebuscados que ponen en peligro la utilidad del dispositivo. Un diseño -por muy vanguardista o atrevido que sea- nunca debe restar funcionalidad al objeto que sirve, dado que la principal premisa en toda creación es que cumpla adecuadamente la función para la que fue proyectada, y que, por supuesto, lo haga con el aspecto más armonioso y bello posible.

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